La salida de Rogerio Castro Vázquez de la Delegación de Bienestar en Yucatán no sólo fue administrativa; fue política, simbólica y digital. Desde temprana hora, comenzó a notarse lo que en los pasillos ya se daba por hecho: el cierre definitivo de un ciclo.
En grupos de difusión institucional, reporteros y enlaces de medios fueron eliminados sin previo aviso. Las listas de comunicación comenzaron a depurarse, los chats oficiales cambiaron de administradores y el equipo de comunicación social ligado al ahora exdelegado inició una silenciosa despedida.
El mensaje era claro: el proyecto político que durante años giró en torno a la figura de Castro entraba en fase de liquidación.
Adiós anticipado
Fuentes al interior de la dependencia confirmaron que la instrucción fue directa. La estructura de comunicación que operó bajo la línea del exdelegado empezó a desmontarse antes incluso de que hubiera un anuncio formal amplio ante la opinión pública.
No fue un relevo terso. Fue un corte abrupto.
La eliminación de periodistas de los grupos informativos fue interpretada como una señal inequívoca de ruptura. En la política moderna, donde el control de la narrativa es poder, borrar contactos equivale a cerrar puertas.
Movimiento en redes
De manera paralela, el propio Rogerio Castro realizó movimientos en sus redes sociales personales. Cambios en biografías, ajustes en publicaciones fijadas y un tono distinto en sus mensajes marcaron el intento de reconfigurar su imagen tras una salida que estuvo lejos de ser celebrada.
Para muchos observadores, el gesto confirma que el exdelegado entiende que su etapa en Bienestar está concluida y que ahora comienza una fase de supervivencia política.
El ocaso de un operador
Durante casi una década, Castro logró escalar posiciones dentro del obradorismo, desde su paso como diputado federal hasta cargos estratégicos a nivel nacional. En Yucatán, su control sobre Bienestar lo convirtió en una figura clave del engranaje político-electoral de Morena.
Hoy, esa estructura se desmantela pieza por pieza.
Colaboradores cercanos han comenzado a buscar nuevas rutas. Algunos ya exploran acomodo en otras dependencias; otros guardan silencio, conscientes de que el relevo vendrá desde el centro del país y que la nueva administración podría no mantener compromisos heredados.

